sábado 4 de julio de 2009

Mi querido Verde.


Eso me enseñaron desde siempre, el “verde que te quiero verde” lorquiano.



Que el barco estaba sobre la mar.

Y el caballo en la montaña.

Y nunca al revés.

Exceptuando los auténticos diminutivos diminutos de mar.

El verde es un color que inspira licencias, paso libre en positivo.

Lo cierto es que este color suele estar ligado a loables posturas ecológicas.

Que por algo los Teletubbies brincaban felices por los más idílicos montes verdes.

Y por eso Popeye daba ejemplo a los niños atiborrándose de verdes espinacas.

Aunque también guardamos en la memoria recuerdos un tanto viscosos, ¿o más de uno no lo vimos entre los dedos con las manos en la cara?

Este también daba miedo cuando se mosqueaba y hacía su particular striptease.

Gracias que luego se suavizó con el gigante verde de las verduras.

Que todo depende del cristal con que se mire… eh viejo verde.

Siempre pensando en lo mismo.

En el pecado de la manzana, que aunque roja siempre aparece un gusano, y verde tenía que ser.

Y una manzana verde ya se sabe lo altamente contaminante que puede llegar a ser.

Porque mira esta la que ha liado.

Aquí pega Manzanita, que no todo es Camarón.



Y es que hay gente para todo, para los que queman el verde, esperanzados en su magia.

Los que se lo fuman directamente.

Los que se lo beben.

Y los que se lo beben de otra forma.

Hasta volverse verdes de envidia.

Que mira que es mala la envidia.

Volvamos al milagro del verde.

A ese verde que es capaz de nacer y crecer en nuestras manos.

Sin dejar de regarlos con la regadera de la esperanza.

Para que se vuelva frondoso con fuertes raíces.

Todo es cuestión de dejarnos ilusionar, a pesar de hacernos los tontos.

Tontos como estos floripondios.

Cuando la realidad es otra: una flecha verde caprichosa que sube y sube.

Hasta criar alas para llevarse lo que escasea.

Y se lo lleva volando mientras nosotros seguimos con el agua más arriba del cuello.

Ay verde, verde… te seguiré queriendo, aunque ahora te usen para reírse de todos nosotros.


jueves 18 de junio de 2009

Ola de calor.


Cometió una grave imprudencia que le costó bien cara. ¿No sabía de más, que jamás debía quedarse dormido en una noche así?, ¿Acaso desconocía que los zumbidos mosquiteros los creó la madre naturaleza para eso mismo?

Con las primeras claras del día, la amada esposa, ahora inconsolable viuda, se encontró con el charquito en la butaca de la terraza. Y gracias que había tenido puesto un bañador, con el que pudo exprimir sus restos en un tupperware.

No pudieron cumplir su deseo de cremación. Ponerlo al fuego, hasta que hirviera y se evaporara, le pareció a la familia añadir recochineo al desgraciado asunto. Así que al final decidieron verterlo en el rompeolas más cercano.
Una ola se lo había llevado y no quisieron contradecir al destino.

La ceremonia de despedida fue corta, más que nada porque los asistentes empezaron a notarse húmedos y pegajosos, optando por disolverse rápidamente hacia sus casas.

lunes 8 de junio de 2009

¡Soplando velas! No izando, que no me voy a ningún sitio.


Más que de velas, hablo de velitas, de las que se clavan en ricas tartas. Porque ya ha pasado un año desde la última vez, pero hace muchos que no lo celebro con todos los avíos. Así que voy a dar una vuelta, a ver si encuentro algo que me guste.
Están todos invitados, a elegir una y a un trocito luego.

Esta sería la mínima esencia: una vela y nada de pastel. Está bien para la crisis y los kilitos de más, pero no es lo que busco.

Sigue siendo un poco triste, ¿no?

Me temo que de todas formas no caben el montón de velas que necesito.

¿Y una bien gorda?

Nada, aquí caben todas, y además es de chocolate.

El Tiramisú también me gusta, pero esta la dejamos para el año que viene.

Ratoncitos rosas para la Ratona, de chocolate of course.

¿Y esta tan sugerente?

Vamos a dejarnos de sugerencias, y caigamos en la evidencia.

Más evidente, imposible. Con piercing y todo.

Esta es ideal para invitar a mi tía Cloty la solterona, que siempre hay que darle el mejor capullo de adorno en las tartas. A ver qué hacía entonces.

En esta seguro que disimulaba pidiendo el lacito blanco.

Volvamos a las sugerencias, fuera bizcochos con velitas, y al grano.

Dejo ya las tonterías, que luego pasa lo que pasa... eh Olivia.

Todo más platónico: ¡qué bonito es el amor y el cariño verdadero!

Esta por los Peter Panes, que hay que llevarlos a rastras.

Claro que no se puede forzar a nadie. Mira que tarta más chula para celebrar un divorcio.

Bueno, vale ya la güasa, que hay que llegar a abuela; con marcha como esta.

Y si puede ser a más que abuela (hay que ver lo que estropean 16 años de nada).

Esta nos viene bien a todos los "peceros".

Y esta a los "maqueros", que cada vez son más. Yo también en cuanto pueda.

Esta para los que entienden esos códigos tan raros.

Y esta para todos los demás que no entendemos ni jota, pero estamos igual de enganchados.

Para los currantes, que no tienen tiempo de ordenata.

Para los yupis, que tampoco lo tienen, pero trabajan con ellos.

Hasta tienen que celebrar sus cumples en la oficina con estas porciones tan feas.

¡Vaya! ni para un Kit Kat de tiempo.

Uy, esta es ideal para los pelotas de esa oficina, que siempre los hay; como las brujas.

Para los listos, y listillos, que también abundan.

Para los lentos y lentorros ¡me estás estresannndddoooo!

Para los rápidos.

Para los rápidos a dos ruedas.

Para los que piensan en amarillo.

Para los que piensan en verde.

Para los que sólo piensan en fútbol.

En los que lo ganan todo, con todo merecimiento.

Para los que siempre apuestan a caballo ganador, pero a veces pinchan.

Para los de arriba, que no piensan en que todo lo que sube... baja. Todo.

Para los otros que pensamos en verde. ¡Musho Beti!!!!

Cambiemos de deporte a mi preferido.

Porque para gustos hay muchos, como la fotográfia; mi asignatura pendiente.

No, relojes no gracias. NO uso.

Bolsos si acaso más pequeños (anda que hacer una tarta con forma de bolso).

Zapatos Síiiiiiiiiiiiiii muchos muchos muchosssssssssssss

Y la música que no falte, por favor.

No tan heavy.

Más tirando a los hippies sesenteros.

Amantes de la naturaleza...

¡Tas pasao bacalaooooo! ¡Qué cosa más horrible de tartaaaa!!!

¡Originalidad al poder!

Nos volvemos a pasar de originales.

Hay que ser fantasma eh...

Y muy payasa...

Porque todos llevamos un payaso dentro.
Voz en off: "Y que cumplas muchos más..."
Yo: ¡y que ustedes lo vean!!!!

martes 2 de junio de 2009

"La petite mort".


Hacía ya unos segundos que había subido la colina llena de flores y pájaros tropicales, que había visto en la cima la ventana cerrada, que había llegado a ella, la había abierto y volaba en el vacío que la abrazaba sin miedo; lejos de allí con él dentro.



jueves 28 de mayo de 2009

Rebobinando.


Me alejaba del lugar, lleno de veladores, todos repletos de oficinistas desayunando; sin mirar atrás y agradeciendo no haber perdido mis gafas de sol por los aires.

El primer pensamiento fue para mi pobre madre, porque le ha pasado lo mismo muchas veces; y yo encima le he reñido: “Pero ¡¿cómo has estado?!”. Definitivamente tienen razón quienes bromean con que ya me han visto con ochenta años, por lo mucho que me parezco a ella. Y ahora me aguanto.

El dolor en la rodilla me decía que algo tenía, pero no levanté el pantalón vaquero para mirar. La mano también me dolía, y esa sí estaba magullada a simple vista. Aunque lo peor era el hombro (y de rebote la cabeza), así que el instinto fue girarlo y girarlo, como cuando caliento antes de nadar; esta vez acompañado de un molesto pitido en el oído.

Hubiera agradecido estar más tiempo tumbada en el suelo mirando al cielo, a ese alto edificio de oficinas, esta vez visto desde una nueva perspectiva. Incluso hubiera agradecido también que me tragara la tierra. ¿Por qué la gente acude a levantar tan precipitadamente sin preguntar? El diligente chico que me subió del lado izquierdo me hizo aun más daño.

Es muy curioso, pero ahora lo recuerdo todo como a cámara lenta, sin sonido en un lugar tan concurrido, y en blanco y negro.

Un traspié –creo que puedo recuperar el equilibrio-. Dos traspiés –ya creo que no puedo-. Esos traspiés han sido como coger carrerilla para echar a volar, porque fue lo más parecido a eso: volar por los aires para aterrizar sin control.

Y mira que cuando llegué y vi que habían sustituido los escalones de entrada por una enorme rampa, me pareció una muy mala idea no dejar al menos un trozo de escaleras.
Nunca me han gustado las rampas, y ahora mucho menos.


martes 26 de mayo de 2009

Esto sí que es evangelio.

Nunca hago entradas con escritos ajenos (exceptuando los poéticos), pero este artículo es de los de “Amén”.
A parte que es todo un honor, y hasta un deber, contribuir a su difusión.


DIARIO DE SEVILLA, 21/03/09

No se lo digas a mamá...

Me gustaría saber la identidad de los nueve expertos en los que la ministra Bibiana Aído se escuda para defender que una niña de dieciséis años puede abortar sin consultar con sus padres.

Me gustaría saber de qué son expertos y si son padres y madres.

Me gustaría saber en qué se fundamentan para decir que dejar tan dramática decisión en manos de una adolescente aterrada es lo mejor para ella.

Me gustaría saber si se han parado a pensar que esa criatura, tras mantener una relación sexual precipitada, va a empezar a sufrir lo que la literatura científica ya ha diagnosticado ante un aborto.

El síndrome de aborto reúne quince síntomas psicológicos que van desde la angustia al sentimiento de culpabilidad, la ansiedad, los terrores nocturnos, la depresión, los trastornos de alimentación o de la vida sexual.

Síntomas que pueden llegar a aparecer, dicen los psicólogos de la Asociación de Víctimas del Aborto, incluso años después de haber abortado.

Me gustaría saber con qué valor lanza la joven ministra Aído, con una sonrisa, como quien anuncia un anticonceptivo novedoso, que una niña de dieciséis años está tan capacitada para abortar como para casarse.

Una niña de dieciséis años no está capacitada para abortar ni para casarse, por mucho que se esté normalizando lo que son parches en la vida. Una cosa es que lo haga y otra bien distinta la sacudida que la vida le da a una adolescente casada, quien sale adelante gracias a los apoyos de la familia.

Me gustaría saber quién le va a informar a una adolescente de dieciséis años de que si se queda preñada puede abortar sin decírselo a los padres y también en quién se va a apoyar ante semejante circunstancia. ¿En la mamá-administración, o en su mejor amiga, con la que intercambia los vaqueros e inventa en su habitación coreografías de Beyoncé?

Me gustaría saber si esos expertos conocen lo que es ser padres y las complicaciones a las que nos enfrentamos para conquistar la confianza de nuestros hijos en la difícil adolescencia.

Me gustaría saber el protocolo de actuación que se llevará a cabo cuando una niña de dieciséis años acuda al centro para abortar y cómo será tratada.

Me gustaría saber qué pretenden con esta propuesta de ley, que autoriza a que se rompa la confianza entre hijos y padres.

Y me gustaría saber qué se pretende de los padres el día que nuestra hija decidiera abortar en soledad. ¿La recibimos con un aplauso? ¿Le damos sopa caliente? ¿Le preguntamos si llegó a ponerle nombre? ¿O quién habría sido el padre? ¿Debemos obviar el tema, o celebrarlo con una barbacoa? ¿Trae esas instrucciones la nueva reforma de la ley del aborto?

Una cuestión más: ¿meterán en la cárcel a una madre que le discuta esa decisión a su hija adolescente? O es la ley del "no se lo digas a mamá porque no la necesitas".

Señorita Aído, me gustaría saber si mi hija ha abortado sola. Porque soy su madre.

Mariló Montero

Mariló Montero es periodista, esposa (de Carlos Herrera, también periodista) y madre (de una adolescente).
Es por esta última faceta por lo que quizás está más capacitada para decir lo que ha escrito en este artículo.

viernes 22 de mayo de 2009

En el país de nunca jamás.

Érase una vez un país donde nunca pasaba nada. No es que nunca ocurrieran acontecimientos, sino que sucediera lo que sucediera la reacción siempre era la misma: “y… ¡no pasa nada!”.

Que te haces asquerosamente rico a costa de las arcas municipales, y aunque se descubriera el pastel e hicieras una visita turística al cortijo de las rejas; al final: ¡no pasa nada!

Que haces tres cuartas partes de lo mismo, pero esta vez en una entidad bancaria, con la variante de diecinueve años buscando a Curro por el caribe; al final: ¡no pasa nada!

Que lo que te gusta es más bien enriquecer tu instinto sádico, convirtiéndote en el descabellado Sherif con placa de tu pueblo; al final: ¡no pasa nada!

Todo esto sin sangre de por medio, que si añadimos los fluidos, la indignante pringue tendría que ser mayor; y sin embargo, al final: ¡nunca pasa nada!