Eso me enseñaron desde siempre, el “verde que te quiero verde” lorquiano.
Que el barco estaba sobre la mar.

Y el caballo en la montaña.

Y nunca al revés.

Exceptuando los auténticos diminutivos diminutos de mar.

El verde es un color que inspira licencias, paso libre en positivo.

Lo cierto es que este color suele estar ligado a loables posturas ecológicas.

Que por algo los Teletubbies brincaban felices por los más idílicos montes verdes.

Y por eso Popeye daba ejemplo a los niños atiborrándose de verdes espinacas.

Aunque también guardamos en la memoria recuerdos un tanto viscosos, ¿o más de uno no lo vimos entre los dedos con las manos en la cara?

Este también daba miedo cuando se mosqueaba y hacía su particular striptease.

Gracias que luego se suavizó con el gigante verde de las verduras.

Que todo depende del cristal con que se mire… eh viejo verde.

Siempre pensando en lo mismo.

En el pecado de la manzana, que aunque roja siempre aparece un gusano, y verde tenía que ser.

Y una manzana verde ya se sabe lo altamente contaminante que puede llegar a ser.

Porque mira esta la que ha liado.

Aquí pega Manzanita, que no todo es Camarón.
Y es que hay gente para todo, para los que queman el verde, esperanzados en su magia.

Los que se lo fuman directamente.

Los que se lo beben.

Y los que se lo beben de otra forma.

Hasta volverse verdes de envidia.

Que mira que es mala la envidia.

Volvamos al milagro del verde.

A ese verde que es capaz de nacer y crecer en nuestras manos.

Sin dejar de regarlos con la regadera de la esperanza.

Para que se vuelva frondoso con fuertes raíces.

Todo es cuestión de dejarnos ilusionar, a pesar de hacernos los tontos.

Tontos como estos floripondios.

Cuando la realidad es otra: una flecha verde caprichosa que sube y sube.

Hasta criar alas para llevarse lo que escasea.

Y se lo lleva volando mientras nosotros seguimos con el agua más arriba del cuello.

Ay verde, verde… te seguiré queriendo, aunque ahora te usen para reírse de todos nosotros.

Y nunca al revés.

Exceptuando los auténticos diminutivos diminutos de mar.

El verde es un color que inspira licencias, paso libre en positivo.

Lo cierto es que este color suele estar ligado a loables posturas ecológicas.

Que por algo los Teletubbies brincaban felices por los más idílicos montes verdes.

Y por eso Popeye daba ejemplo a los niños atiborrándose de verdes espinacas.

Aunque también guardamos en la memoria recuerdos un tanto viscosos, ¿o más de uno no lo vimos entre los dedos con las manos en la cara?

Este también daba miedo cuando se mosqueaba y hacía su particular striptease.

Gracias que luego se suavizó con el gigante verde de las verduras.

Que todo depende del cristal con que se mire… eh viejo verde.

Siempre pensando en lo mismo.

En el pecado de la manzana, que aunque roja siempre aparece un gusano, y verde tenía que ser.

Y una manzana verde ya se sabe lo altamente contaminante que puede llegar a ser.

Porque mira esta la que ha liado.

Aquí pega Manzanita, que no todo es Camarón.
Y es que hay gente para todo, para los que queman el verde, esperanzados en su magia.

Los que se lo fuman directamente.

Los que se lo beben.

Y los que se lo beben de otra forma.

Hasta volverse verdes de envidia.

Que mira que es mala la envidia.

Volvamos al milagro del verde.

A ese verde que es capaz de nacer y crecer en nuestras manos.

Sin dejar de regarlos con la regadera de la esperanza.

Para que se vuelva frondoso con fuertes raíces.

Todo es cuestión de dejarnos ilusionar, a pesar de hacernos los tontos.

Tontos como estos floripondios.

Cuando la realidad es otra: una flecha verde caprichosa que sube y sube.

Hasta criar alas para llevarse lo que escasea.

Y se lo lleva volando mientras nosotros seguimos con el agua más arriba del cuello.
Ay verde, verde… te seguiré queriendo, aunque ahora te usen para reírse de todos nosotros.

























































