Hace un año que nació este blog, aunque no haya publicado el año entero. Escribir siempre se escribe, pero “subir” lo que se dice “subir”, a esos doce meses habría que restar al menos cuatro:
- El mes de diciembre 2007, cuando un cúmulo de desdichas encadenadas hicieron que me alejara de estos mundos.
- El mes que suman Semana Santa, Feria de Abril, más los días previos de preparativos. Si vives en Sevilla y la vives, eso es así.
- Y los dos meses de verano ausente en un lugar sin conexión.
Esos cuatro meses suman 124 días, que restados a los 365 del año, nos quedan tan sólo 241. Por tanto si he publicado más de 100 entradas, supone que “me lo he currado” casi un día sí y otro no; y a veces el de en medio también.
Ese sería el balance frío numérico. Pero mirando para atrás con otros ojos, tengo que reconocer que ha sido un año cargado de vivencias y no sólo virtuales. Al final de tanta historia cibernética resulta que somos reales, “de carne y hueso, nariz y pescuezo” como decíamos de pequeños. Las cosas afectan, los palos duelen y los hierros dejan marca; socavones formando las curvas del sube y baja que nos hacen cojear sin remedio.
De tal manera que cuando la barca vikinga de la feria está abajo, te planteas bajar para recuperar el equilibrio, para no sentir más el vértigo de las alturas con el estómago levantado pidiendo asiento, con los ojos vidriosos y el rostro helado, con el pelo enredado por el aire y la falda arrugada de agarrarla en un puño; porque no te quedan monedas con las que pagar otro viaje, ni quieres que te inviten ya.
Sólo apetece amarrar la barca en el noray del recuerdo y caminar por tierra firme; volviendo a ella nada más de feria en feria.
