Con un golpe seco unió los tacones de sus zapatos verdes, y todas las eses de sus curvas comenzaron a rotar sobre sí misma, al tiempo que levantaba los brazos al viento, con los abanicos de dedos extendidos señalando al cielo.
Dejé de verle la cara, se había perdido entre las sedosas capas blancas de su falda, que flotaban rizadas con formas imposibles alrededor de su cuerpo.
Giraba con fuerza, sin parar un instante, con apasionado empeño hasta conseguir que se elevaran los flecos de su mantón, y brotaran de las puntas infinitas ansias de futuro: susurros, caricias, abrazos, besos… el ritual de los deseos había comenzado.
Dejé de verle la cara, se había perdido entre las sedosas capas blancas de su falda, que flotaban rizadas con formas imposibles alrededor de su cuerpo.
Giraba con fuerza, sin parar un instante, con apasionado empeño hasta conseguir que se elevaran los flecos de su mantón, y brotaran de las puntas infinitas ansias de futuro: susurros, caricias, abrazos, besos… el ritual de los deseos había comenzado.
