lunes, 24 de noviembre de 2008

Revoleras de ilusión.

Con un golpe seco unió los tacones de sus zapatos verdes, y todas las eses de sus curvas comenzaron a rotar sobre sí misma, al tiempo que levantaba los brazos al viento, con los abanicos de dedos extendidos señalando al cielo.

Dejé de verle la cara, se había perdido entre las sedosas capas blancas de su falda, que flotaban rizadas con formas imposibles alrededor de su cuerpo.

Giraba con fuerza, sin parar un instante, con apasionado empeño hasta conseguir que se elevaran los flecos de su mantón, y brotaran de las puntas infinitas ansias de futuro: susurros, caricias, abrazos, besos… el ritual de los deseos había comenzado.

11 comentarios:

Luz de Gas dijo...

Perfecta la foto que has escogido para tan exquisito relato.

Sigo sin saber si era la fotosíntesis o uno de los encuentros más maravillosos que te puedan pasar en la vida.

Los dos son exquisitos.

El Ratón Tintero dijo...

Gracias Juan, me alegra que te toque.

Es sólo que me gusta humanizarlo todo, y si son flores tan increibles la imaginación se dispara.

Jose dijo...

jajajajaja... me encantan estos relatos tuyos... mas aun si eliges una foto mia.... jajajajaja.

Besazo a mi super ratona preferida

El Ratón Tintero dijo...

Es justo al revés Jose: tus fotos son fuente de inspiración para mi :-)

JL Martínez Hens dijo...

Con lo que me gusta a mí la miel la de botes que tienen que salir de ahí.

Un gusto el leerte. Y esas faldas blancas y esos zapatos verdes me recuerdan a mi Betis "gueno".

El Ratón Tintero dijo...

Mussho Beti jjjey!!! :-)

(!) hombre perplejo dijo...

Prosa poética como ésta es la que debió inspirar eso de los "Juegos florales", ¿no? (!)

Jaime Garcigonzález dijo...

He bajado la escalera y he abierto la ventana: esta flor es de las primeras cosas que ha visto.
Bien.

El Ratón Tintero dijo...

¡BIEN, BIENNNN POR TI!!!! jajaja
Me has alegrado el 26 de noviembre Jaimito :-D

Anónimo dijo...

Mi corazon, palpitaba con la fuerza del que sin ver su cara, imaginaba la sensacion de ser el aire que rozaba su cuerpo, acariciando la suavidad de su piel, dejando que el susurro de las hojas secas de aquel otoño, giraran en torno a ella con una leve melodia de silencio.

retje_robar dijo...

Delicioso. No he podido dejar de recordar la escena de Marylin.