En psicología está estudiado que nos afecta, ya que representa: “la percepción de estima que el sujeto experimenta de los demás hacia uno mismo”. Es un estímulo-respuesta: la gente que nos rodea nos motiva con su reconocimiento y nosotros progresamos satisfactoriamente.
Pero el reconocimiento social profesional no es lineal en el tiempo, sino que fluctúa con los tiempos. Hay profesiones que antes estaban henchidas de reconocimiento, y en cambio hoy día han perdido toda su valía; y al revés. Así como hay otras profesiones que nunca han tenido el más mínimo reconocimiento social, hasta el punto de perderse en la historia. Afortunadamente.

Casimiro Municio, el verdugo de Madrid. Esta foto me pellizca hasta hacerme daño, pero “más pellizcos da el hambre”, como me diría él mismo. Esa mirada fija a la cámara casi nos habla, como clara muestra que la cara es el espejo del alma.
Se cuenta que cuando era verdugo de la Audiencia Provincial de Sevilla (1924), tuvo que agarrotar en Jaén a un carnicero que había degollado a su mujer y a sus cinco hijos. Era el primer día de trabajo para Casimiro, y se puso tan nervioso que se le caían las cosas de las manos. El carnicero le miró y le dijo: “tengo yo más huevos para morir que tú para matarme”. Esto le puso más nervioso aún y tardó media hora más en acabar el trabajo. Lo peor es que encima la muchedumbre quiso lincharlo, teniendo que salir de Jaén escoltado por la Guardia Civil.
¿Y las mujeres y el reconocimiento social profesional?
Su historia profesional es “corta”, entrecomillas, porque trabajar lo han hecho desde que el mundo es mundo, pero con este reconocimiento social del que hablamos, es desde hace relativamente poco tiempo.
Observemos ahora las tres fotos siguientes tan dispares y que tanto nos dan que pensar:

Sufragistas madrileñas, todas ellas bien ataviadas con buenos abrigos de cuellos felinos, tocadas con estupendos sombreros, los que sin duda resguardaban cerebros cultivados que no paraban de cuestionarse reivindicaciones. Muchas de ellas llegarían a ser profesionales con títulos colgados, aunque económicamente no lo necesitaran. ¿Qué clase de reconocimiento buscaban?

Modistillas camino de la iglesia de San Antonio, patrón de los novios. Su aspecto es bien distinto a las de arriba, envueltas en mantones, pero con mucho orgullo y mayor ilusión por encontrar marido pronto. Quizás en esa época tendría más reconocimiento social profesional ser buena costurera y formar una prolífica familia.

Luchadoras del Circo Price. Tengo debilidad por esta foto, como la tengo por el mundo de la farándula y el artisteo, por eso mismo: porque siempre les ha importado un comino el reconocimiento social profesional. Buscan la fama, aman los aplausos, pero su motor es otro del reconocimiento al estilo convencional; son un mundo a parte.
Todas estas fotos, y muchas más, pertenecen a una exposición del gran fotógrafo Alfonso, en un relato gráfico de más de medio siglo de la historia de España.
Este tipo de periodismo gráfico tampoco estaba demasiado valorado en la época, porque de las cerca de 200 personas que a principios de siglo colaboraban en prensa, sólo una docena se mantenían gracias a publicar su trabajo. Ya que la caricatura y la ilustración estaban mejor pagadas que la fotografía. Por eso el reconocimiento social profesional a Alfonso le ha llegado con toda su magnitud a título póstumo, como a muchos otros.
Exposición Alfonso, 50 años de historia de España.
Hasta el 22 de Febrero en la Casa de la Provincia.
Plaza del Triunfo, 1. Sevilla.
Pero el reconocimiento social profesional no es lineal en el tiempo, sino que fluctúa con los tiempos. Hay profesiones que antes estaban henchidas de reconocimiento, y en cambio hoy día han perdido toda su valía; y al revés. Así como hay otras profesiones que nunca han tenido el más mínimo reconocimiento social, hasta el punto de perderse en la historia. Afortunadamente.

Casimiro Municio, el verdugo de Madrid. Esta foto me pellizca hasta hacerme daño, pero “más pellizcos da el hambre”, como me diría él mismo. Esa mirada fija a la cámara casi nos habla, como clara muestra que la cara es el espejo del alma.
Se cuenta que cuando era verdugo de la Audiencia Provincial de Sevilla (1924), tuvo que agarrotar en Jaén a un carnicero que había degollado a su mujer y a sus cinco hijos. Era el primer día de trabajo para Casimiro, y se puso tan nervioso que se le caían las cosas de las manos. El carnicero le miró y le dijo: “tengo yo más huevos para morir que tú para matarme”. Esto le puso más nervioso aún y tardó media hora más en acabar el trabajo. Lo peor es que encima la muchedumbre quiso lincharlo, teniendo que salir de Jaén escoltado por la Guardia Civil.
¿Y las mujeres y el reconocimiento social profesional?
Su historia profesional es “corta”, entrecomillas, porque trabajar lo han hecho desde que el mundo es mundo, pero con este reconocimiento social del que hablamos, es desde hace relativamente poco tiempo.
Observemos ahora las tres fotos siguientes tan dispares y que tanto nos dan que pensar:

Sufragistas madrileñas, todas ellas bien ataviadas con buenos abrigos de cuellos felinos, tocadas con estupendos sombreros, los que sin duda resguardaban cerebros cultivados que no paraban de cuestionarse reivindicaciones. Muchas de ellas llegarían a ser profesionales con títulos colgados, aunque económicamente no lo necesitaran. ¿Qué clase de reconocimiento buscaban?

Modistillas camino de la iglesia de San Antonio, patrón de los novios. Su aspecto es bien distinto a las de arriba, envueltas en mantones, pero con mucho orgullo y mayor ilusión por encontrar marido pronto. Quizás en esa época tendría más reconocimiento social profesional ser buena costurera y formar una prolífica familia.

Luchadoras del Circo Price. Tengo debilidad por esta foto, como la tengo por el mundo de la farándula y el artisteo, por eso mismo: porque siempre les ha importado un comino el reconocimiento social profesional. Buscan la fama, aman los aplausos, pero su motor es otro del reconocimiento al estilo convencional; son un mundo a parte.
Todas estas fotos, y muchas más, pertenecen a una exposición del gran fotógrafo Alfonso, en un relato gráfico de más de medio siglo de la historia de España.

Exposición Alfonso, 50 años de historia de España.
Hasta el 22 de Febrero en la Casa de la Provincia.
Plaza del Triunfo, 1. Sevilla.