A los pocos segundos ya estaba aporreando la puerta, dándoles sólo tiempo de quedarse muy quietos guardando silencio en un rincón; por supuesto sin ánimo ninguno de contestar.
Pero tenían un niño pequeño que, en su inocencia, se fue muy diligente para la puerta de entrada a preguntar con su media lengua:
- “¿Quén é?
- “Hola niño, ¿están tus padres?
A lo que él respondió sin pensárselo dos veces:
- “Mi Papá etá ekconnío, mi Mamá etá ekconnía…
¡y yo que me voy ekconné!”.

Aunque hiperbreve, no es ningún cuento, ni tan siquiera un chiste.
Este caso verídico de la postguerra española retoma la actualidad.
Porque la historia tiene eso: que suele repetirse.
5 comentarios:
Anda niño que anda.
Bendita inocencia.
BEsos.
Queda congratularse por que quien aporreaba la puerta en esta ocasión era tan sólo un acreedor...
Y tú que lo digas Juan, la siempre bendita inocencia perdida.
Perplejo, estuve por poner la palabra "ditero", que era la auténtica del tiempo en que se produjo la anécdota.
Si ya lo decia mi madre.
Quien con niños se acuesta...
... seguro que pasa mala noche en el filo de la cama :-P
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