viernes, 19 de septiembre de 2008

Historia de amor entre dos agujas.


El destino es siempre así de caprichoso, y nunca se sabe cual será el hilo que las una. Lo mismo puede ser verde, en primavera; azul, junto al mar; rojo pasión, en un bar de copas; rosa chicle, comprando chuches en un kiosco… la paleta de colores no tendría límites.

Como siempre sucede también, la atracción física es lo primero. Se tienen que atraer y acoplar en tamaños, texturas, grosores, números. Cada número de agujas tiene un tejido adecuado. Aunque a veces se pueden tejer cosas raras y extravagantes; como agujas muy gruesas con hilos muy finos… agujas muy finas con hilos extraños llenos de marras…

Una vez que se han puesto de acuerdo en todo, empiezan a conocerse punto por punto, creando entre ambas una especie de tela de araña de lana o hilo, que las trenza con simétrica precisión.
Al principio siempre enseñan su mejor cara, sin estridencias ni sobresaltos, poco a poco. No se conocen y hay que ir despacio.

- “Yo ahora arriba, tú después abajo… te dejo que me eches el brazo por encima, y unos puntos más adelante lo dejo caer…”
- “¿Te parece bien que yo te haga dos al derecho y luego me dejo que tú me hagas tres al revés?”

El sonido del clin-chin de las agujas, al chocar y rozarse, empieza a tener su ritmo, es como si brindaran de alegría a cada segundo. Las pasadas se suceden, el tejido crece y crece, y va apareciendo un bonito dibujo; algo hecho por los dos.

- “¡Pero cuidado! ¡Que se ha escapado un punto! ¡Que te has confundido en el dibujo!”

No queremos más agujeros de los necesarios, así que toca reconocer los fallos y sacar las agujas, para tirar del cabo con gran pesar. Hasta en las mejores relaciones hay despistes y malos entendidos. Lo importante es tener la comprensión y paciencia suficiente para volver a empezar por donde íbamos bien.

Cuando la relación va ya muy adelantada llegan las auténticas normas de pareja. Hay que sisar, escotar, recortar, rajar… poner cuello, crear mangas, hacer bolsillos… También a veces hay quien se aburre, busca algo fuera de la monotonía, y tejen cositas donde es necesaria una tercera aguja auxiliar; un trío… la fantasía de más de uno, vamos.

Y no digamos si se teje algo más complicado aún, como calcetines o guantes, ahí se necesitan varias agujas: cuatro, cinco… lo más parecido a una orgía, vaya.

Una vez terminada la prenda la satisfacción de las agujas es inmensa, es su gran obra, creada con el enorme esfuerzo de llevarse bien. Ahora sólo queda que se aprecie el trabajo y se cuide la prenda con esmero y cariño. Aunque para qué vamos a engañarnos, al final a todas acaban saliéndoles pelotillas, agujeros y deformaciones. Pero ¡qué cómodas y confortables son esas prendas viejas y usadas! Para andar por casa son las mejores,
¿o no?

9 comentarios:

Tomás Ingelmo dijo...

De croché no entiendo,pero pillo "el punto".Buena comparación? metáfora? símil? SZe me han olvidado las figuras estilísticas(las etílicas no, gracias al ron)
Ya veo que te asomas por la isla de la Tortuga de vez en cuando.
Mi blog es más monográfico,por eso intento no aburrir al personal demasiado. Todavía descubrirás más cosas,espero que, si no maravillosas,entretendas al menos.

El Ratón Tintero dijo...

Tomás, pues mira que estuve a punto hacerlo de croché. Ese se hace con una sóla aguja y pensé que estaba más de moda. Ahora se estila ir por libre, al menos una década más tarde que se hacía antes.
Muchos Peter Panes y Campanillas por ahí sueltos :-)

Luz de gas dijo...

Que me has recordado a mi madre y su pasión por los chalecos de lana, tengo un montón de ellos, con cremallera delante y los guardo como oro en paño a pesar de odas las pelotillas, es lo mñas calentito y cómodo para el invierno.

Besos, gran paralelismo el que nos traes.

Jaime Garcigonzález dijo...

Valiente cruz de punto!

Jose dijo...

Como disfruto leyéndote, esa imaginación que une y desune imágenes recuerdos y sentimientos en mi cabeza, cuanta razón tienes que bonitas son las prendas “con tiempo”, hay que cuidarlas, pero son las que mejor te sientan…jajajajaja

Un besazo Ratona

retje_robar dijo...

Ja, ja, ja!
Delicioso.
Has hecho que recuerde a mi abuela cuando me tejia aquellos jerseys de lana que no me gustaban nada y de los que me avergonzaba en el colegio. Ahora que ya no los tengo y no hay nadie que me los teja es cuando la hecho de menos. Que simples somos a veces y que tontos. En fin... Siempre nos queda el recuerdo

El Ratón Tintero dijo...

Pues resulta que están de moda, y además son caros y todo.
Me refiero a los jerseys tejidos a mano. Que las parejas duraderas no están nada de moda, aunque también están muy valoradas ahora; están en grave peligro de extinción :-)

Juan y Retje, me alegro de haberos recordado a vuestras respectivas, madre y abuela.

Jaime Garcigonzález dijo...

Yo sé por qué no están de moda las parejas duraderas.

El Ratón Tintero dijo...

Eso no vale Jaime, guardarlo sólo para ti. Si lo has dicho ahora tienes que terminarlo :-)
Estaremos esperando.