domingo, 9 de marzo de 2008

El número cuatro.

La maestra de escuela empezaba a perder la paciencia con aquella niña. Le señalaba el número cuatro escrito en la pizarra, al tiempo que le preguntaba por enésima vez: “Niña, ¿qué número es este?”.

La niña, con cara de pocker a sus años, callaba.

“La Señorita”, como se llamaban entonces esas mártires, escribió otro número cuatro en la esquina superior izquierda de la pizarra, y lanzó la amenaza: “Mañana te lo pregunto otra vez, y si insistes en no contestar, te quedarás sin recreo hasta que me digas qué número es este”.

Al día siguiente “La Señorita” metió aquel número cuatro en un círculo, otro día le dibujó encima rayitas diagonales hacia la izquierda, otro día rayitas diagonales hacia la derecha, otro día tuvo que remarcar el pobre número que ya se veía poco, otro día le pintó un bonito marco cuadrado a su desesperada obra…

Pasaron los días, y la niña seguía callada a su pregunta.

“La Seño” llegó a claudicar y levantó el castigo sin recreos. La niña se alegró, no tanto por los recreos que se estaba perdiendo, como por no tener que decir lo que en realidad veía desde el primer día: una silla al revés.


3 comentarios:

e dijo...

....y esa foto.....quiero ver mas

angie dijo...

!Qué rica mi hermana de pequeña"
Un pequeño homenaje a los de mi profesión que tanto nos empeñamos en que los críos aprendan"algo".
Desde nuestra posición,o sea de profe,muchas veces no podemos saber qué pasa por sus cabecitas,pero lo intentamos , encontrar caminos que nos lleve a "su" entendimiento.
Gracias,Ratón Tintero.

El Ratón Tintero dijo...

La vida te enseña a decir: "El número cuatro", aún pensando otra cosa.
Y no es hipocresía, es supervivencia.
Aunque también lo era aquella niña callada; en aquella época te ganabas un sopapo en menos que canta un gallo :-)