martes, 20 de noviembre de 2007

BrevEros Cuento.

Como casi todas las noches, a ella le gustaba salir al jardín y quedarse un rato de pie en medio del césped, mirando bien arriba, justo hasta las estrellas. Eso la hacía sentirse tan pequeñita, tan vulnerable... allí sola en medio de la oscuridad, el universo parecía como si la quisiera atrapar y llevar con él.
Fue entonces cuando algo la sacó de su abducción, el reflejo de una luz en la planta de arriba y un leve sonido familiar en la lejanía. Era él, en su estudio de la buhardilla, y el sonido era el del teclado del ordenador.
Fue como “la llamada de la selva”, como la campana para el perro de Paulov, un tirón irresistible e imposible de controlar. ¿Había algo que estaba llamando su atención y no era ella? Sus fuertes impulsos posesivos le decían que había que poner remedio de inmediato.
Subió las escaleras, pero sin prisas, no quería llegar ahogaba; además su presa ya no tenía escapatoria posible.
Sí, allí estaba, a media luz ensimismado en la pantalla, vistiendo como única prenda esas calzonas a las que había cogido tanto cariño, con el torso al aire y el pelo aún mojado por la ducha.
Sin hacer ruido, se acercó sigilosa por detrás y lo abrazó ahuecando ambas manos en sus pectorales. Con un suave beso en el cuello, apaciguó el sobresalto recibido; pero apenas bajó la guardia, se adueñó de su lóbulo a fuerza de labios y dientes. Él giró la cabeza para zafarse del mordisco y cayó sin remedio en la boca de ella. Húmeda trampa con un ariete insistente, que entraba y salía. El más bello simulacro de lo que había ido a buscar sin palabras, preludio de lo que iba a ocurrir.
Ella apartó el dichoso teclado, como la que aparta una dura competencia, dispuesta a ganarle por la mano; y ocupó su lugar en la mesa. Se acabaron por hoy los juegos de ambos por los espacios, era el momento de jugar con “la tecla de su ratón”.


2 comentarios:

Isa dijo...

No sabe la Sonrisa Vertical lo que se pierde sin tu aportación. Nunca había visto a este cacharrito con "los ojos" de hoy . Está muy bien, campeona.

Gabriel dijo...

El relato atrae, distrae. Sigue así, por la cuenta que NOS trae.

Abrazos.