lunes, 19 de noviembre de 2007

Con los cinco sentidos.

Voy a la playa.
Si cierro los ojos y me concentro, quizás consiga pasear por una playa solitaria. ¿Te gustaría acompañarme? Vamos, dame la mano y sígueme.

Vista.

La veo, ya puedo verla. Cádiz al fondo, a la derecha la bahía con medio sol naranja en el horizonte, y a la izquierda otro mar de dunas desiertas. Dunas de calientes arenas para perderse en compañía. ¿La tuya?
Oído.
Se oye el romper de las olas y el graznar de alguna gaviota. El fuerte viento de levante silva en mis oídos. La blusa que llevo también revolotea, compone una melodía de percusión parecida a un tambor. No hables. No hace falta.
Olfato.
Llenaré mis pulmones de aire para intentar oler. Si, huele a eso: a mar, a puerto, a pescado, a algas, a marisco… ¿Te da hambre como a mí?
Gusto.
Y si saco mi lengua y la paseo por mis labios quizás consiga sabor a sal. Si, también lo noto, están secos y salados, pero me gusta. ¿Quieres probarlo de mi boca?
Tacto.
El ala de mi sombrero sube y baja con el viento. El sol me da en la cara a intervalos, a golpes como las olas; más que golpes son caricias, es cálido, suave. No molesta.
El pelo que me asoma por debajo del sombrero, se despeina y enreda. No me importa, se vuelve salvaje como la playa. Déjalo.
En la planta de mis pies frota el masajear de la fina arena, húmeda y dura. De vez en cuando me sorprende el chocar de alguna ola en mis tobillos, los vuelve brillantes, los despierta, los anima a seguir caminando. ¿Te animas tú?
Mis manos están ocupadas. En la mano derecha, llevo el asa del cubito de playa, a medio llenar de conchas. En la mano izquierda, tu mano agarrada con fuerza a la mía. No hace falta que aprietes. No podría escapar de ti.

Me voy de la playa.


Algún día haré algo con esas conchas y no será un collar. Crearé con todas ellas una hermosa escultura, algo que pueda ver, oler, tocar...Para cuando me acerque a ella, cerrando los ojos como ahora, pueda volver a pasear por aquella playa virgen y solitaria. Siempre contigo.


4 comentarios:

Isa dijo...

He podido sentir con tu relato la brisa en la cara, la sal en los labios, el azul que limpia mi mente y la necesaria compañía para vivir toda esa belleza. Me has hecho un regalo.

Anónimo dijo...

Vives del agua, vistes de arena. Transpira el viento, juega en tu pelo.
Vives en ella, tu eres la playa.

Zeavran dijo...

En un día tan apcible como es el de hoy, nada más refrescante que la imágenes que nos dejas en tu relato. Maravilloso paseo por las amplias y solitarias playas gaditanas.

Cientounero dijo...

Senaciones infantiles las que me ha recordado este relato. Esa infancia mágica en Cádiz. Y la piel erizada sintiendo el olor del mar, el tacto del viento y el ruido de las olas.

Gracias, amiga.